Teletrabajos desde casa

Independientemente de los plazos, que serán pactados mediante el correspondiente contrato de prestación de servicios, el cobro puede hacerse por varios sistemas:
Con tarjeta de crédito: el teletrabajador contrata una cuenta con un banco que ofrezca servicios de pago seguro en Internet y establece los cauces técnicos necesarios mediante la instalación de un software que suele aportar gratuitamente la entidad bancaria. Gracias a éste, el cliente, una vez que está conforme, puede realizar el pago de forma cómoda, introduciendo los datos de su tarjeta en el módulo de pago. Una vez realizado el pago, la entidad bancaria lo ingresa automáticamente en la cuenta del teletrabajador y cobra a éste un porcentaje que suele oscilar en función de la negociación personal, entre el 0,5 y el 4%. Este es sin duda, el sistema más cómodo, rápido y seguro, aunque también, el más caro, pero esto es cuestión de tenerlo previsto en el presupuesto. Es también el más aconsejable para operaciones internacionales, ya que se elimina la necesidad de los cambios de moneda, labor esta que realiza la propia entidad.


Contra reembolso: una vez cumplido lo acordado se envía el trabajo y el cliente, una vez recibido lo paga. Este sistema es muy práctico cuando hay que enviar documentos físicos, ya que el mismo mensajero que hace la entrega, se encarga del cobro. El hecho de haber recibido el cheque o pagaré no implica que hayamos cobrado ya, ahora hay que hacerlo efectivo y para eso, es necesario que el cliente tenga fondos, así que en caso de duda, mejor solicitar el cobro en efectivo. En cuanto al costo, hay que sumar el del mensajero más la cantidad que las entidades bancarias suelen cobrarnos por pagarnos un cheque o pagaré y no digamos si tenemos la mala suerte de que el pagaré no sea atendido en su fecha de vencimiento, en tal caso deberemos pagar además una serie de gastos de devolución, más los correspondientes gastos de descubierto si en el momento de la devolución no disponemos de saldo para hacer frente nosotros mismos.

Con cuenta abierta: este es un procedimiento que sólo debe aplicarse a clientes de mucha confianza, ya que consiste en realizar trabajos y posteriormente hacer facturaciones por períodos pactados, por ejemplo mensuales. Es lógico utilizar este sistema con clientes habituales y de probada solvencia o porque sean nuestros empleadores habituales, pero aún así, se debe tener la precaución de minimizar el riesgo al máximo, e incluso fijar un nivel de riesgo según el cliente y no sobrepasarlo, o sea, no realizar más trabajo hasta no haber cobrado los anteriores.
Somos conscientes de que en muchos casos las circunstancias del mercado obligan a aumentar el riesgo para conseguir trabajo, pero esto no puede ser óbice para mantener las garantías mínimas de cobro. Siempre será más fácil realizar la reclamación de cantidad con un contrato firmado que sin él. Por otra parte, aconsejamos guardar constancia de toda la documentación concerniente a cada trabajo y esto incluye el correo electrónico, ya que un mensaje dándonos instrucciones sobre un trabajo puede ser una prueba fehaciente de compromiso.

Fuente: Canal Trabajo

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